Su padre, Stavros Kontos, fue quien le enseñó. A los doce años el muchacho ya trabajaba en la construcción de casas, y más tarde levantó con sus propias manos, con la ayuda de su padre, la casa de piedra en la que vive. Su esposa, Vasso, trabajó a su lado en las obras. De aquellos años queda también el recuerdo de un 12 de noviembre frío, cuando su hija Myrsini nació en la carretera, mientras la familia iba de camino al hospital. La mayor se llama Angela.

Kontos se especializó en las xerolithies, los muros de piedra seca que se construyen sin mortero y que antes se veían por toda la isla. Hace tiempo que dejó la talla fina que exigía la construcción de casas, pero en su propia tierra sigue levantando y reparando muros. Sus herramientas son las de siempre: el punzón, el cincel, la escuadra, el martillo, la maza, la vara de medir de madera y las hojas de metal.

«Cuando golpeas una roca con la maza, en algún momento oyes una vibración, un temblor. La piedra se agrieta y se abre en dos. Eso es, sin duda, satisfacción».

La periodista Georgia Karkani, que lo visitó para Lesvosnews, lo describe con el cuerpo todavía musculoso y la mirada clara. Kontos recuerda que hace unos sesenta años cada piedra de construcción tallada a mano, de unos cien kilos, se vendía por dos o tres dracmas. Un cantero hábil sacaba cinco o seis al día.

Mesotopos, un pueblo de 773 habitantes según el censo de 2011, está a 74 kilómetros de Mitilene. Se cree que su nombre viene de su posición, a medio camino entre Agra y Eresos. En la zona se lo conoce por sus constructores de piedra labrada a mano. En Lesbos se los llamaba petrades, y durante generaciones partieron grandes rocas sin máquinas, con cuñas de hierro, y después las desbastaban con picos.

En 2018 la UNESCO incluyó el arte de la piedra seca en su lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, tras una candidatura conjunta de Grecia y otros siete países. Esa lista protege un saber. Bajo la higuera de Mesotopos, ese saber sigue en las manos de un hombre que todavía sabe escuchar el momento en que la piedra cede.