Taboada coordina la Comunidad de Montes de Vincios, en Gondomar. El monte que administra no es suyo ni de nadie en particular: es un monte veciñal en man común, una figura gallega por la que la tierra pertenece a las casas de la parroquia, es indivisible, inalienable y no puede embargarse. En Galicia hay unas 3.300 comunidades como esta, que suman cerca de 665.000 hectáreas, casi una cuarta parte del territorio.
La decisión de traer animales nació del fuego. En octubre de 2017, durante el viento de la cola del huracán Ophelia, las llamas se comieron alrededor del 80% de las más de 600 hectáreas de bosque de Vincios. En Chandebrito, una aldea del vecino municipio de Nigrán, murieron dos mujeres. La comunidad entendió entonces algo sencillo y difícil: el trabajo de limpieza que las personas habían dejado de hacer podían hacerlo los animales.
Comen lo que el monte les da, dice Taboada: tojo, zarzas, los brotes de acacia invasora que alimentan los incendios rápidos. En una parcela de prueba de 40 hectáreas, el suelo pastoreado se mantuvo limpio de matorral inflamable mientras la zona de control, sin animales, volvió a cerrarse de maleza espesa. Los investigadores encontraron además algo que no buscaban: las pisadas del ganado mejoraban la infiltración del agua de lluvia hacia los acuíferos subterráneos.
El rebaño no empezó con 26 animales. En mayo de 2024 Vincios compró sus primeras cinco cachenas y apostó por los collares, fabricados por Nofence, una empresa noruega fundada por un cabrero, Oscar Hovde, y cuyos dispositivos funcionan con energía solar. La raza, una de las cinco Morenas Galegas, estuvo a punto de desaparecer; el monte que ahora limpia es el mismo por el que pasan, talladas hace unos tres mil años, las espirales y las líneas onduladas de los petroglifos de Auga da Laxe.
La prueba no ha terminado. En julio de 2025 otro incendio volvió a quemar parte del monte de Vincios, y cinco helicópteros trabajaron sobre la ladera. Aquel año Galicia registró su peor temporada de fuegos conocida, con unas 118.000 hectáreas calcinadas. Desde entonces, el pastoreo virtual con razas autóctonas se ha extendido a otras comunidades gallegas, entre ellas Vilamor y Sobredo, en O Courel, cuatro años después de que allí también ardiera el monte.