Ngobese creció en Alexandra, un municipio donde la pobreza es alta y la gente vive muy apretada, a pocos kilómetros de los edificios de cristal de Sandton. Se entrenó en acrobacia aérea hasta que el aro se convirtió en su oficio. «Solo queremos demostrarle a la gente que podemos salir del municipio», dice.
El programa que lo formó lo dirigen Michelle Fok y Orlando Vargas. Vargas fundó en 2018 The Cirk, una compañía profesional de circo de Johannesburgo. Según él, el entrenamiento nació porque en Sudáfrica hay pocos lugares donde se pueda aprender circo de manera formal. Durante décadas, casi la única opción fue Zip Zap Circus, en Ciudad del Cabo, a más de mil kilómetros.
La propuesta está pensada para jóvenes sin trabajo que vienen de comunidades con pocos recursos. No termina con el aprendizaje. Quienes se forman pueden hacerse instructores, conseguir contratos pagados con productoras o actuar con la propia The Cirk. El programa intenta mantenerse con lo que ganan sus funciones, sus clases y otros encargos de circo, en lugar de depender solo de donaciones. Por eso los recursos no alcanzan para todos: cada año solo reciben apoyo completo cuatro participantes.
Zenzele Letsoela también es de Alexandra. Tiene 38 años y se formó en ballet y en pantsula, el baile de pies veloces que surgió en los municipios de Johannesburgo en los años cincuenta y sesenta, en parte como respuesta a los desalojos forzosos. Ahora hace acrobacia aérea, aunque le dan miedo las alturas. Aun así sube.
Megan Nielsen, de 22 años, actúa colgada de su propio pelo. Lleva las trenzas sujetas con mosquetones a una cuerda de cinco metros y gira en el aire, con todo su peso sostenido por el cuero cabelludo.
El barrio de donde salen tiene su propia historia. Alexandra se declaró municipio en 1912 y fue uno de los pocos lugares urbanos donde los sudafricanos negros podían ser dueños de su tierra antes de que llegaran las leyes del apartheid. En 1941, recién llegado a Johannesburgo, Nelson Mandela alquiló allí una habitación.
Para Michelle Fok, lo que falta no es el talento. «Hay mucho talento y mucha habilidad en este país», dice. «Solo necesitamos un escenario».