Al acercarse entendió lo que tenía delante. Era una pisada de tres dedos, de cerca de un metro de largo. Sacó el teléfono y le escribió al paleontólogo Tyler Lyson un mensaje breve: acababa de encontrar una huella de T. rex. Lo cerró con una hilera de cinco signos de exclamación.

Hups enseña ciencias en la Northglenn High School, en Colorado, y colabora como investigador asociado con el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver. Aquel verano de 2025 participaba como voluntario en una expedición del museo dirigida por Lyson en la Formación Hell Creek, a las afueras de Marmarth, en el suroeste de Dakota del Norte. Es una tierra conocida por sus huesos de tiranosaurio. De ella salió también el llamado «Teen Rex», un ejemplar juvenil que tres niños encontraron en 2022.

Las excavaciones posteriores sacaron a la luz cuatro huellas: dos del pie izquierdo y dos del derecho, alineadas a lo largo de unos siete metros. La roca que las guarda tiene unos 66,5 millones de años. A partir de la distancia entre las pisadas, los investigadores calcularon que el animal caminaba a entre 5,6 y 7,2 kilómetros por hora, más o menos el paso de una persona con prisa.

Hasta ahora, la ciencia solo conocía dos huellas sueltas atribuidas a un tiranosaurio adulto. Una la encontró en 1983 el geólogo Chuck Pillmore en Philmont Scout Ranch, en Nuevo México. La otra apareció en la misma Formación Hell Creek, en el condado de Carter, en Montana. Ninguna de las dos mostraba a un animal en movimiento. Estas cuatro sí lo hacen.

El estudio, publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, lo firman Hups, Lyson, Evan Tamez-Galvan, Antoine Bercovici y, como autor principal, Peter Falkingham, profesor de paleobiología en la Universidad John Moores de Liverpool. Falkingham ya había firmado en 2008 la descripción de la huella de Montana. Tamez-Galvan escaneó la superficie en alta resolución para crear modelos digitales en tres dimensiones. Los autores atribuyen el rastro a un T. rex por el tamaño de las pisadas, la forma estrecha de los dedos y la abundancia de huesos de tiranosaurio en las rocas cercanas. Aun así, el título del artículo habla solo de un rastro «probablemente atribuible» a un adulto de la especie.

Este otoño, un helicóptero sacará tres de las cuatro huellas de los terrenos federales que administra el Servicio Forestal de Estados Unidos. Irán a Denver, al museo con el que Hups salió aquel verano a caminar por las colinas. El profesor encontró el rastro porque buscaba el camino más fácil para su rodilla.