La investigación comenzó formalmente cuando el equipo de la Universidad de Caldas y el Instituto Humboldt detectó diferencias morfológicas en las poblaciones de puercoespines que habitan el valle del Magdalena y el Caribe colombiano. Lo que durante un siglo se catalogó erróneamente bajo nombres de especies similares era, en realidad, un habitante silencioso y distinto. Para confirmarlo, fue necesario que Ramírez-Chaves y Noguera-Urbano emprendieran un viaje por el tiempo y la geografía, comparando el ADN de especímenes actuales con los restos custodiados en los museos de historia natural de Londres y Suecia.
El Coendou vossi es una criatura de dimensiones modestas, con un cuerpo que apenas alcanza los treinta y tres centímetros, pero cuya cola, una extensión ágil y prensil, representa más del setenta por ciento de su longitud total. Su pelaje, de un marrón oscuro y ralo, está coronado por espinas tricolores de hasta cincuenta y cinco milímetros que solo se desprenden ante el contacto directo con un peligro, protegiendo su vida en la soledad de las copas de los árboles.
El nombre de esta especie rinde homenaje a Robert S. Voss, un experto cuya vida ha estado dedicada a descifrar la taxonomía de los mamíferos neotropicales. Su hallazgo no solo añade un nombre a los catálogos, sino que devuelve la mirada hacia un ecosistema frágil. Estos animales nocturnos recorren los bosques de departamentos como Caldas, Cundinamarca y Santander, ajenos a que su existencia misma fue, hasta hace poco, una página mal escrita en los libros de zoología.
Desde que el zoólogo británico Oldfield Thomas describiera al Coendou vestitus en 1899, el mapa de estos roedores en Colombia no se había modificado. Hoy, la persistencia de dos investigadores ha logrado que el Coendou vossi deje de ser una sombra en un archivo para convertirse en una realidad que reclama su lugar en la tierra.