La materia prima crece alrededor de la casa. Son dos variedades de higuera, el nunu lero, de corteza roja, y el nunu bula, de corteza blanca. Su hijo Syafrudin corta unos treinta trozos de rama en cada luna llena, porque solo entonces se corta, y solo se eligen las ramas que crecen en horizontal o hacia arriba. Las secciona en piezas de uno a un metro y medio, las descorteza, las limpia y las deja en remojo tres días.
Después viene el trabajo de sus manos: los golpes con piedra y madera que adelgazan la fibra hasta hacerla tela. El color llega de dos plantas del bosque, el linuro y el ulakau. Un atuendo completo se vende por 1,5 millones de rupias; la tela suelta, entre 200.000 y 300.000 rupias por metro.
Lo que la tela significaba
El traje ceremonial kulawi tiene nombres precisos: la blusa de corteza se llama halili, la falda topii, armada en tres capas, y los hombres llevaban un pañuelo de cabeza, el siga, cuyos dibujos marcaban el rango del guerrero. El color tenía función ritual. La tela blanca, bendecida por los nobles, servía de bandera en los campos; la roja acompañaba las ofrendas a los espíritus antes de la caza; la teñida de amarillo con cúrcuma se vestía cuando maduraban el arroz y el maíz. Los chamanes guardaban en bolsas de corteza blanca los fragmentos de alma que recuperaban, los kaoi'. Las viudas y los viudos vestían de blanco durante el luto. Cuando nacía una niña, junto a la cesta de herramientas agrícolas se exponía un juego de mazos para batir corteza.
Esa piedra no viene de cualquier parte. Se extrae en la aldea de Towulu, en el mismo distrito de Kulawi; la de otros lugares se raja bajo el golpeteo repetido. La antropóloga Lorraine V. Aragon, que documentó el oficio tras años de trabajo de campo, registró la tabla de batir de casi dos metros, llamada ha'a, y observó que la palabra ike, el nombre del juego de mazos, reaparece en lenguas polinesias. Los arqueólogos tratan estos mazos de piedra como marcadores del Neolítico: en Sulawesi se extienden hace unos tres mil años.
El distrito queda dentro del área administrativa del parque nacional de Lore Lindu, al sur de Palu. El terremoto de magnitud 7,5 que sacudió la región en septiembre de 2018 cortó la carretera hacia el distrito vecino de Lindu, y Mataue ha sufrido además inundaciones repentinas.
Tobani Tiku recibió el Premio Ratna en 2022 y el Premio Cultural de Indonesia en 2025 como maestra del arte de la corteza. Los reconocimientos no han cambiado su jornada. Dice que el trabajo es cosa de mujeres, que los hombres no pueden hacerlo, y que cuando está sin hacer nada es cuando se siente cansada.