Es la tercera generación de su familia en este trabajo. Construye rabab, santoor, saz-e-Kashmir, sitar cachemir, rabab sij y surnai —los instrumentos de la Sufiana Mausiqi, la música clásica del valle, organizada en modos melódicos llamados maqamat y ciclos rítmicos llamados talas, tocada durante siglos por pequeños conjuntos en reuniones privadas y no en salas de concierto.
El santoor es el más exigente de todos: una caja trapezoidal con veinticinco puentes que sostienen cien cuerdas, agrupadas de cuatro en cuatro y afinadas al unísono, golpeadas con mazos ligeros de madera sujetos con soltura entre los dedos. Los textos sánscritos lo llamaban shatatantri veena, la veena de cien cuerdas.
Dar podría trabajar más rápido. No lo hace. Los pedidos llegan desde todo Jammu y Cachemira y desde otras partes de la India, y él sigue dedicando semanas a un instrumento que otro terminaría en días.
La ciudad ha recibido reconocimientos: Srinagar entró en la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO en noviembre de 2021, en la categoría de artesanía y arte popular, y el Consejo Mundial de la Artesanía la nombró Ciudad Mundial de la Artesanía en junio de 2024. Pero las distinciones han ido a la artesanía cachemir en general. Entre los productos con indicación geográfica protegida —la pashmina, los chales kani, la talla en nogal, el papel maché, las alfombras anudadas a mano— no figura ningún instrumento musical.
El precedente pesa. En el barrio de Zaina Kadal, a orillas del Jhelum, Ghulam Muhammad Zaz, nacido en 1941, trabaja desde 1953 en un taller familiar que lleva unos doscientos años y ocho generaciones construyendo santoores, sarangis y rababs. Su familia surtió de instrumentos a Shiv Kumar Sharma y a Bhajan Sopori. Recibió el Padma Shri en enero de 2023. No tiene sucesor.
Pocos jóvenes están dispuestos hoy a aprenderlo.
Esa es la advertencia de Dar, y la razón por la que insiste en formar aprendices en su propio taller mientras pide más apoyo y reconocimiento para quienes hacen este trabajo. El santoor salió del valle hace tiempo: Shiv Kumar Sharma lo tocó en solitario en Bombay en 1955, con el raga Yaman, y desde entonces suena en los escenarios de toda la India. Las manos que lo construyen, en cambio, siguen siendo unas pocas, en talleres pequeños, entre virutas de morera.