La Goethe-Schule, un colegio secundario de Boulogne, en San Isidro, viaja al norte de Santiago del Estero desde hace más de tres décadas. El programa de Aprendizaje Solidario en Servicio cumple 34 años; lo conducen la vicerrectora Cecilia Barrio y el coordinador Sebastián Nicoli, junto a la arquitecta Carolina Tobar, del estudio AtelierM. Durante casi treinta años los viajes fueron de acompañamiento. Recién en 2025 se levantó la primera casa.

El destino es San José del Boquerón, sobre la margen izquierda del río Salado, en el Chaco seco. El municipio abarca unos sesenta por sesenta kilómetros y su gente está repartida en casi un centenar de parajes; el trabajo del colegio alcanza a 23 comunidades. Las familias viven de la extracción del monte, de las cabras, de la miel, del cuero y del telar. La tierra es disputada: organizaciones locales llevan veinte años defendiendo la posesión campesina frente a compradores que avanzan.

Las casas son de ladrillos de adobe y paja. Dos estaban terminadas al momento del informe. En una de ellas viven Enzo y María con su hijo Santino, de once años. Domingo, el padre de Enzo, trabaja en la cosecha de la aceituna.

El dinero no viene de ningún ministerio. Sale de cenas solidarias y colectas entre las familias del colegio, peso sobre peso, año tras año.

En Boquerón enseña Mary Quadri, de ochenta años, maestra allí desde hace más de medio siglo. Ella ya estaba cuando los primeros alumnos de la Goethe-Schule llegaron al monte sin saber qué iban a hacer. Sigue estando ahora, cuando se van dejando paredes.

El nombre del lugar viene de una misión colonial: en 1735, el sacerdote José Teodoro Bravo fundó la reducción de San José a pedido de los vilelas, sobre el Salado. Llegó a tener unas mil quinientas personas. Hoy viven allí menos que entonces.