Así lo llamaban todos: Vô Teobaldo. Nació el 5 de abril de 1872, pocos meses después de que la Ley del Vientre Libre declarara libres a los hijos de mujeres esclavizadas, aunque permitiera a los dueños retenerlos hasta los veintiún años. Huyó del cautiverio. Trabajó sin paga para familias de la región. Era benzedor —curandero— y con lo que ganaba sanando a otros compró tierra.

Se casó con Maria da Glória y tuvieron diez hijos. De esos hijos salió el caserío que hoy es quilombo, reconocido oficialmente en 2003 tras un estudio antropológico y la certificación de la Fundación Palmares. Teobaldo murió en 1984, a los 112 años.

Su instrumental de griô y curandero cabía en poco: hierbas medicinales en un morral de cuero, un altar de madera con figuras de santos, caracoles cauri y cuentas de rezo. Las reglas de la casa eran igual de concretas. El cordón umbilical de cada recién nacido se enterraba bajo el alero, para atar a los descendientes a esa tierra. Los viernes de Cuaresma no se comía carne. Se rezaba a diario.

«Mis hijos están felices. Yo los crié, aconsejándolos, les enseñé a respetar a los mayores y a trabajar con honra de gente.»

Lo dijo en una entrevista de periódico en 1983, un año antes de morir. Es casi lo único suyo que quedó escrito.

Una memoria que vive alrededor del fuego

El resto se transmitió hablando, en rueda, junto al fogón de leña: cada miembro de la familia aporta su fragmento y entre todos se arma el relato. Una tesis de la UFRGS catalogó ese patrimonio —el saber de las hierbas, la devoción a Nossa Senhora da Imaculada Conceição, la danza Amaé Axé, la casa de Dárcio Geraldo y Maria Rita como sitio de memoria.

Hoy viven allí unas dieciocho familias, organizadas en la Asociación Comunitaria Vovô Teobaldo, sobre unas once hectáreas. En 2014 la comunidad fue aprobada como Punto de Cultura del estado, con talleres de maculelê, capoeira, teatro, historia oral y cocina afrobrasileña. Cuando el río Taquari desbordó en 2023 y de nuevo en mayo de 2024, los cultivos de São Roque se perdieron y la comunidad quedó más de veintidós días sin luz, sin agua corriente y sin camino.

La pregunta de Ágata tiene una respuesta administrativa incómoda. Palmares ha certificado 136 comunidades quilombolas en Rio Grande do Sul; el INCRA ha entregado cuatro títulos de tierra. São Roque no está entre ellos.