La fábrica de la familia ya no existe. Durante la guerra de Israel contra Gaza, el edificio y sus almacenes fueron destruidos e incendiados. Según al-Sawwaf, entre el 80 y el 85 % del hilo y de los materiales que guardaba se quemó. Parte de lo que quedó está en un almacén dentro de la zona que controla el ejército israelí, fuera de su alcance.
Con lo que pudo recuperar entre los escombros y con el hilo importado antes de la guerra, construyó un taller nuevo bajo su propia casa, cerca del cruce de Sanafor. Muy cerca pasa la llamada «Línea Amarilla», la línea hasta la que se replegaron las fuerzas israelíes tras el alto el fuego de octubre de 2025 y donde siguen desplegadas.
Él mismo diseñó la rueda que ahora mueve el telar, tomando como modelo el equipo que usaba su abuelo. En la familia, la costumbre de trabajar sin electricidad viene de lejos: el taller antiguo tejía con una herramienta manual de madera, el nol, y por eso los cortes de luz nunca detenían la producción.
El apellido lleva el oficio dentro: en árabe, al-Sawwaf significa «el que trabaja la lana». Su padre, Mahmoud Husni al-Sawwaf, ya fallecido, aparecía en 2019, con 73 años, en un reportaje que lo describía como quizá el último tejedor tradicional de alfombras de Gaza. Por entonces vendía sobre todo a trabajadores humanitarios y a turistas. La gente del lugar no podía pagar sus alfombras, las esteras importadas y más baratas les habían quitado buena parte del mercado y, desde el bloqueo de 2007, los compradores de Cisjordania y de Israel habían quedado fuera de su alcance.
Buena parte de la tradición textil de Gaza llegó desde al-Majdal. Los tejedores que en 1948 fueron desplazados de allí a la Franja siguieron trabajando en sus telares, y muchos pasaron con el tiempo de la tela a las alfombras.
Ahora el taller de Hussein cumple dos funciones. Conserva el oficio de sus antepasados y también da trabajo: ha vuelto a contratar a varios antiguos empleados de la fábrica, desplazados como tantos otros en la zona. En una guerra que, según Anadolu, ha dejado más de 73.000 palestinos muertos y más de 174.000 heridos, las alfombras y las esteras escasean en los mercados. Al-Sawwaf dice que hoy una alfombra hecha a mano cuesta menos que otros revestimientos para el suelo.
Por eso, en muchas casas que han perdido casi todo, lo que se pone en el suelo vuelve a salir de un telar que se mueve a mano.